Ante el poblamiento de la villa, motivado
por la riqueza creada por la sal y la pesca, fue necesario dotar a la
población de puntos de abastecimientos de agua mediante depósitos
subterráneos para recoger y almacenar agua de lluvia procedente
de las laderas de la Sierra de Santa Pola, vendiéndola posteriormente
por las calles en tinajas transportadas por carros.
En la Edad Moderna, con la expansión de los cultivos cerealisticos
de secano propiciados por los repobladores y el posterior aumento demográfico
que obligaba a colonizar espacios baldíos y alejados de las fuentes,
el aljibe se extendió por todo el territorio.
En la primera mitad del siglo XX todos los aljibes estaban en funcionamiento,
pero con la posguerra, la elevada emigración conllevó el
abandono de la agricultura y la desaparición de la cultura hidráulica
tradicional.
Más imágenes
|